Todas las personas tenemos aspectos por desarrollar.
Para todas y todos hay temas o situaciones que nos requieren habilidades que a veces no hemos tenido la oportunidad de desarrollar completamente (como por ejemplo una comunicación asertiva y eficaz a la vez que respetuosa y cercana.)
A veces nos encontramos con retos o desafíos vitales que nos hacen sentir incómodos, con malestar, como transiciones vitales importantes como la paternidad, crisis de mediana edad, andropausia, cambios laborales, problemas de salud; o cuando algo importante se rompe, como una relación de pareja, amistad, algún aspecto laboral…
Pero no todas las personas expresamos los síntomas de la misma manera.
Los síntomas se manifiestan de manera diferente en función de cómo hemos sido educados, en función de la cultura, la familia, etc.
En los hombres, la ansiedad o los estados cercanos a la depresión no se muestran de manera tan explícita. Suele darse más irritabilidad, ira, agresividad, conductas de riesgo, síntomas físicos sin explicación médica o aislamiento emocional.
Quizás llevas tiempo sintiendo que algo no está bien, pero no sabes exactamente qué es o cómo nombrarlo. Tal vez te notas más irritable de lo normal, explotas por cosas pequeñas, o sientes que ya no disfrutas de lo que antes te gustaba.
Puede que te cueste dormir pensando en el trabajo, en tus relaciones, o simplemente con esa sensación de que «no estás dando la talla» en algún área de tu vida.
O quizás es lo contrario: te sientes desconectado, como funcionando en piloto automático, sin saber muy bien para qué haces lo que haces cada día. Sin energía disponible para estar relajado y disfrutar.
Tal vez tus relaciones no están donde quisieras y te sientas navegando un territorio sin mapa
Quizá tus amistades se han ido diluyendo con el tiempo, o te das cuenta de que no tienes con quién hablar honestamente de lo que realmente te pasa.
Tu pareja, si la tienes, dice que no te abres, que no hablas de lo que realmente sientes.
Surgen conflictos que no sabes cómo manejar. Tu pareja espera algo diferente, una conexión emocional que no te enseñaron a dar. Quiere que hables de tus emociones, pero cuando lo intentas, te sientes extraño, incómodo, sientes que no tienes las palabras o que te juzgan por cómo las expresas.
Muchas de esas conversaciones no acaban bien.
Y tu pareja te insiste en que busques algún apoyo, alguien con quien hablar…
Además, sientes que las reglas del juego han cambiado. Lo que tu padre te enseñó sobre «ser hombre» ya no funciona, pero nadie te ha explicado claramente qué se espera ahora de ti. Te dicen que no seas como los hombres de antes, pero tampoco está claro cómo debes ser.
Si tienes hijos varones, la pregunta está presente: ¿qué modelo masculino les estoy ofreciendo?
No quieres repetir los patrones con los que creciste, pero tampoco sabes exactamente qué alternativa construir. Quieres ser un referente diferente para ellos, pero te sientes perdido sobre cómo hacerlo. Además del miedo a que se conviertan en alguien demasiado flojo…
Si tienes hijas, ¿qué modelo de hombre están aprendiendo a través de ti? ¿En qué tipo de chico te gustaría que se fijaran? ¿Qué cualidades te gustaría que tuviera el chico, el hombre que elijan en su futuro? ¿Está aprendiendo ese modelo afectivo y comunicativo contigo? ¿Y qué aprende de ti cuando te ve relacionarte con otras mujeres o hablar de ellas? ¿Te relacionas con tu hija, tu pareja, tu hermana o tu madre de una manera muy diferente a como te relacionas con otras mujeres? ¿Cuánto de presente está un contenido sexual en la relación con esas mujeres que no pertenecen directamente a tu familia o a tu círculo cercano?
El peso de siempre tener que resolver
Tal vez has notado que cuando alguien te cuenta un problema, automáticamente buscas la solución. Pero a veces tu pareja solo necesita que la escuches, no que le des respuestas. Tus hijos necesitan tu presencia, no solo que intentes solucionar sus dificultades. Y tú mismo… ¿cuándo fue la última vez que permitiste que alguien te ayudara o te cuidara?
Os enseñaron a ser proveedores, protectores, solucionadores. Pero nadie os enseñó a simplemente estar presentes, a acompañar sin arreglar, a escuchar, a cuidar sin controlar.
Y mucho menos os enseñaron a recibir cuidado, a reconocer que también necesitáis que os sostengan, que os escuchen, que os vean. Que no sois débiles o menos fuertes por ello.
Y cuando tenéis claro que ser cuidados y compartir honestamente es algo que queréis y merecéis, no siempre encontráis comprensión ni las personas que estén dispuestas a acompañaros de ese modo.
Lo veo cada día. La trampa del «aguantar».
Os han enseñado que ser hombre es aguantar, resolver las cosas solo, no mostrar vulnerabilidad. Que preguntar o pedir ayuda es de débiles. Que los problemas emocionales «se superan» con fuerza de voluntad.
Pero la realidad es otra: aguantar solo no está funcionando. Y seguramente, el precio de ese silencio lo estás pagando en tu salud, en tus relaciones, en tu bienestar.
Cuando estas cuestiones implican síntomas de malestar algunos hombres se permiten buscar apoyo y acudir a psicoterapia especializada.
Las resistencias son grandes, precisamente por los mandatos de que no hay que mostrar duda ni vulnerabilidad, hay que aguantar y resolver los problemas solo.
Por eso también este espacio de encuentro. Un espacio seguro donde puede empezar a indagar sobre estos temas. Donde no tienes que fingir que todo está bien, donde puedes reconocer que también luchas, que también dudas, que también necesitas apoyo. Y descubrir que no estás solo en esto: otros hombres están viviendo batallas similares.
Aquí podrás explorar qué tipo de hombre quieres ser en estos tiempos. Mantener todo lo valioso de la masculinidad y construir una versión más auténtica y saludable de ti mismo. Una masculinidad que incluya la fortaleza y también la vulnerabilidad. La responsabilidad y también el autocuidado. El compromiso, y también la conexión emocional.
Además de todos los malestares que vayamos identificando, y la trampa de algunos privilegios normalizados, trabajaremos sobre cómo relacionarte de manera más genuina con las mujeres de tu vida, cómo comunicarte sin que cada conversación se convierta en un silencio incómodo o un campo de batalla. Exploraremos cómo estar verdaderamente disponible y presente para quienes amas, no solo resolviendo sus problemas, sino acompañándolos en su experiencia.
Reflexionaremos sobre que cuidar no es solo «hacer cosas por otros», sino saber escuchar profundamente, sostener emocionalmente, estar ahí incluso cuando no hay nada que solucionar. Nos encontraremos ahí con la verdadera autonomía emocional, que en vuestro caso se ha confundido tantas veces con co-dependencia.
Y también aprenderás a permitir que te cuiden, a comunicarte contigo mismo, a reconocer tus propias necesidades de apoyo y conexión sin sentir que eso te hace menos hombre.
Desde una perspectiva psicocorporal, somática, conociendo el funcionamiento del sistema nervioso, aprenderás herramientas concretas para manejar el estrés, la ansiedad, la ira, y la frustración.
Y si eres padre, exploraremos juntos cómo ser el referente que tus hijos necesitan: un hombre completo, capaz de sostener la firmeza y la ternura, el coraje y la empatía, la acción y la presencia.
Venir a este taller no es rendirse ni tener un problema. Es decidir que mereces estar mejor, que puedes seguir creciendo y evolucionando.
Es tomar las riendas de tu propio desarrollo, en lugar de esperar a que todo se derrumbe o que otras personas gestionen tus emociones.
Es elegir ser parte de los hombres que están construyendo nuevas formas de ser, más conscientes, más conectados.
Un espacio para explorar sin juicio, para sentirte escuchado, comprendido y no tener que aparentar siempre estar “fuerte”, tenerlo todo controlado, y sin la presión de mostrarte seguro y “resolutivo”. Sin medirse(la), ni competir.
Sólo estar juntos, tranquilos, seguros, aprendiendo y siendo.
También para explorar las experiencias cotidianas de poder y privilegio, revisar referentes y legado del linaje familiar, reordenar la relación con la propia masculinidad, con el miedo a la violencia y la agresividad, la propia y la ajena, la sexualidad, la capacidad de amar y cuidar…
Y los temas que van surgiendo en el camino de ampliar las posibilidades cómo ser hombre.
Encuentros PRESENCIALES en Rivas
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